Cuando los participantes del grupo de alto estrés observaron la figura tridimensional, su cerebro mostró menor actividad en el área correspondiente a rostros y escenas. Esto sugiere que sus cerebros no habían inferido la conexión entre la figura y el rostro o la escena con la misma fuerza que los cerebros de las personas del grupo de control.

“Normalmente, cuando uno asimila algo nuevo, surge un pequeño destello de la experiencia pasada, y creemos que eso es lo que facilita la integración”, explica Kuhl. “Ese destello está prácticamente ausente” en los participantes estresados.

Aun así, la precisión de los participantes estresados ​​al inferir qué rostro o escena estaba vinculado a una forma 3D específica fue la misma que la de los participantes del grupo de control. Los autores sugieren que esto podría deberse a que el método de resonancia magnética funcional (fMRI) para detectar la vinculación de la memoria es más sensible que la prueba conductual.

El siguiente paso para Schwabe y sus colegas consiste en realizar experimentos con roedores para comprender los mecanismos que hay detrás de este fenómeno y encontrar maneras de reducir los efectos del estrés.