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domingo, 9 de febrero de 2025

En una cueva de Polonia, signos de canibalismo prehistórico

La práctica puede reflejar una violenta competencia por nuevos territorios hace 18.000 años

No mucho después de que las capas de hielo que una vez cubrieron gran parte de Europa comenzaron a retirarse hace 19.000 años, las personas que habían resistido el frío en Francia y España prosperaron. Estos magdalenienses crearon arte rupestre icónico en sitios como Altamira y Lascaux, llevaban herramientas óseas decoradas de manera distintiva y practicaban elaborados rituales funerarios. En unos pocos miles de años, se extendieron profundamente en Europa central.

viernes, 15 de mayo de 2020

Cómo un cerebro humano ha perdurado durante milenios

Hace 2600 años, un hombre de la Edad de Hierro y de unos 30 años sufrió un duro destino: primero, lo ahorcaron; a continuación, le cortaron la cabeza.



 En 2008, un grupo de arqueólogos británicos halló el cráneo durante unas excavaciones en Heslington, cerca de York. Descubrieron que esos restos entrañaban un sensacional hallazgo para la
humanidad, pues se trataba de uno de los cerebros mejor conservados de la prehistoria europea: no solo se podían reconocer en él los giros y surcos cerebrales, sino que también podían diferenciarse la sustancia gris y la blanca. Pero continuaba siendo un misterio cómo ese tejido cerebral había podido desafiar al paso del tiempo. A diferencia de otros hallazgos similares, en este caso podía descartarse un ritual o momificación favorecida por un terreno pantanoso. En fecha reciente, los investigadores han desvelado algunos secretos del «cerebro de Heslington». 
El grupo liderado por Axel Petzold, del Colegio Universitario de Londres, ha descubierto que dos proteínas que dan estructura y fuerza a los axones de las células nerviosas y de la glía, y que forman los llamados filamentos intermedios, se encuentran agregados en este cerebro prehistórico. Como resultado, la superficie de las moléculas se reduce, de modo que son menos vulnerables a los
ataques exteriores y, por tanto, más estables.


Este tipo de agregados se observan en el tejido cerebral de pacientes con enfermedades neurodegenerativas. 
Sin embargo, los científicos han descartado la posibilidad de que el cerebro de Heslington presente un trastorno de ese tipo, puesto que no han encontrado indicios de ello. Sí se muestran convencidos, en cambio, de que una sustancia desconocida, posiblemente ácida, impidió que el tejido cerebral se descompusiera después de la muerte. 
Durante los tres meses posteriores a la ejecución, la sustancia debió penetrar en el tejido a través de la tierra húmeda. De momento, no se sabe de qué sustancia se trata.




Se necesita investigar más para resolver el misterio sobre la conservación de este tejido cerebral ancestral. 
Aun así, el estudio de Petzold y su equipo revela información de peso, no solo para la arqueología, sino también para la medicina. Entre otras cosas, podría
ayudar a descubrir en qué se diferencian los agregados que han evitado la descomposición del cerebro de Heslington durante milenios de los agregados protéicos que afectan al cerebro en la demencia. 





Fuente: Journal of the Royal Society Interface, 10.1098/rsif.2019.0775, 2020 

sábado, 12 de agosto de 2017

¿Por qué se extinguieron los neandertales?

La civilización terrestre se ha desarrollado con sólo una especie humana. Pero podía haber sido de otro modo. Hasta hace unos 40.000 años, un parpadeo en tiempo geológico, al menos otro pariente próximo compartía este planeta con nosotros. Eran los neandertales, nativos euroasiáticos hoy resarcidos de su imagen de brutos gracias a los hallazgos científicos, que los han redescubierto como una especie muy parecida a la nuestra en múltiples aspectos. Pero hay algo que seguimos sin saber sobre ellos, y es por qué ya no están con nosotros.
Conocemos a los neandertales desde el siglo XIX, pero durante décadas pasaron por ser una especie primitiva, justamente extinguida frente a la superioridad intelectual de los sapiens. Los signos de canibalismo hallados en 1899 en Krapina (Croacia) afianzaron su imagen de bárbaros salvajes. Desde entonces ha transcurrido mucho tiempo y se han desenterrado muchas pruebas que han lavado la cara al pueblo neandertal. Como nosotros, fabricaban herramientas, se vestían, controlaban el fuego y enterraban a sus muertos. Poseían la misma variante que nosotros del gen FOXP2, esencial para el lenguaje, por lo que probablemente hablaban. Tal vez pintaban y grababan en las paredes de las cuevas. Y en cuanto al canibalismo, no sólo los sapiens también lo hemos practicado, sino que incluso es posible que algunos neandertales fueran devorados por nuestros antepasados.
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Dos reconstrucciones del hombre neandertal. Crédito: Biblioteca del Congreso / Wikimedia Commons.
Todo lo cual refuerza la pregunta: si eran tan semejantes a nosotros, ¿por qué desaparecieron? Dado que neandertales y sapiens sólo coincidieron en Europa durante unos 5.000 años tras la llegada de los segundos desde África, la hipótesis tradicional asumía que en la competencia por los recursos sólo pudo quedar una especie humana; los neandertales resultaron perdedores, bien por conflicto directo o quizá por un cambio climático que les afectó en mayor medida por su dieta más restringida y sus mayores necesidades energéticas.

La capacidad de organización pudo ser clave

En años recientes ha venido a sumarse una nueva teoría. Varios indicios, tanto anatómicoscomo arqueológicos, apuntan a la posibilidad de que los neandertales tuvieran menor capacidad de organización social que los sapiens, lo que los habría hecho más vulnerables en tiempos de escasez. En 2014, un análisis de genomas neandertales dirigido por el Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva (Alemania) y publicado en la revista PNASreveló que nuestros parientes tenían una baja diversidad genética y que vivían en grupos pequeños y aislados. En comparación con los sapiens, los neandertales poseían menor variedad en ciertos genes relacionados con el comportamiento, en concreto con rasgos como la hiperactividad y la agresividad.
¿Podrían estas diferencias genéticas explicar un distinto comportamiento que hubiera perjudicado la supervivencia de los neandertales? El coautor principal del estudio, Sergi Castellano, se muestra rotundamente cauto: “Desconocemos el efecto fenotípico de estas variantes genéticas, así que no apoyan ninguna teoría ligada al comportamiento”, dice a OpenMind. La dificultad, agrega, estriba en inferir rasgos de conducta a partir de los genes. Según el investigador, actualmente se trabaja en esta línea introduciendo las variantes de neandertales y sapiens por separado en ratones, “pero se necesitan años de experimentos” para llegar a alguna conclusión, subraya.
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Una reconstrucción de un hombre neandertal en el Museo de Historia Natural de Londres. Crédito: Paul Hudson.
Sin embargo, hay alguien que trata de avanzar en esta vía utilizando otro enfoque, el de la psicología evolutiva. Glenn Geher, de la Universidad Estatal de Nueva York en New Paltz, se basa en el hecho establecido de que la mayoría de los humanos actuales, exceptuando a los subsaharianos, conservamos en nuestro genoma en torno a un 2% de ADN neandertal, fruto de los antiguos cruces entre ambas especies. Geher recluta a voluntarios dispuestos a aportar un análisis genético de su “neandertalidad” y los somete a un amplio test de comportamiento y personalidad. Utilizando la metodología clásica en psicología, el investigador correlaciona después la mayor o menor presencia de variantes neandertales con rasgos de conducta.
Utilizando este enfoque, Geher ha encontrado una correlación “pequeña pero estadísticamente significativa” entre porcentaje de genes neandertales y facetas de la personalidad, según expone a OpenMind. Y curiosamente, los resultados son “consistentes con este tema básico sobre la sociabilidad de los neandertales”. En concreto, el psicólogo ha observado que los individuos con mayor grado de “neandertalidad” genómica sienten aversión hacia los extraños y tienen mayor tendencia al nerviosismo y a la ansiedad, rasgos posiblemente relacionados con una menor sociabilidad. Geher considera que su estudio puede abrir “una nueva vía para explorar la naturaleza de nuestros primos ancestrales, así como las razones de su desaparición”.

Sin pruebas concluyentes

A la hipótesis de la socialización aún le queda mucho camino por recorrer, si es que antes no llegan nuevas pruebas que la invaliden. El pasado mayo, investigadores franceses y belgas publicaban en la revista Nature el hallazgo en la cueva de Bruniquel, al suroeste de Francia, de un conjunto de grandes círculos construidos con pedazos de estalagmitas. Con unos 176.000 años de edad, estos anillos de piedra atribuidos a los neandertales se cuentan entre los ejemplos más antiguos de construcción humana. Los autores del estudio escribían: “Nuestros resultados sugieren que el grupo neandertal responsable de estas construcciones tenía un nivel de organización social más complejo que lo asumido hasta ahora para esta especie”.
El coautor principal del estudio, Jacques Jaubert, de la Universidad de Burdeos (Francia), señala a OpenMind que en su opinión no hay motivo para imaginar grandes diferencias en el modo de vida entre los neandertales y los humanos modernos que vivieron en el mismo período, aunque ambos grupos cambiaran a lo largo del tiempo. En cualquier caso, Jaubert subraya que los círculos de Bruniquel, construidos 120.000 años antes de la extinción de los neandertales, son demasiado antiguos como para arrojar alguna luz sobre la cuestión.
“Ciertamente, no hay una única razón que causó la extinción de los neandertales”, concluye Jaubert. Nada parece indicar que este misterio prehistórico vaya a resolverse pronto. Sin embargo, para Geher hay otra interpretación del asunto. Y es que, dado que miles de millones de humanos llevamos herencia neandertal latiendo en nuestros genes, en cierto modo aún están presentes, lo que lleva al psicólogo a parafrasear a Mark Twain: “Yo diría que la noticia de la extinción de los neandertales ha sido tremendamente exagerada”.
Javier Yanes para Ventana al Conocimiento
@yanes68

jueves, 8 de marzo de 2012

Otzi el hombre de hielo, sufria del corazón y tiene parientes vivos.

Un equipo internacional de científicos ha publicado la secuenciación del cadáver congelado más famoso del mundo. Los investigadores ya conocen la secuencia casi completa del ADN de Ötzi, el «hombre de hielo» del Tirol, un cazador prehistórico que falleció desangrado hace unos 5.300 años después de que una flecha le atravesara el cuerpo por la espalda y, de remate, recibiera un golpetazo en la cabeza. El estudio, publicado en Nature Communications, ha descubierto que Ötzi sufría de una enfermedad del corazón, una infección bacteriana y caries, era intolerante a la lactosa, se atiborraba de cabra montés y tenía los ojos castaños. Además, ha encontrado pistas sobre el paradero de sus parientes vivos más cercanos, que, curiosamente, pueden vivir en Córcega y Cerdeña.


Unos excursionistas descubrieron el cuerpo de Ötzi en los Alpes, cerca de la frontera entre Italia y Austria en 1991. Muy conservada, es la momia humana más antigua del mundo y una de las más estudiadas por la ciencia. Su aspecto físico fue pronto recreado por los hermanos Alfonso y Adrie Kennis, artistas holandeses especializados en paleontología que también han dado forma a los homínidos de Atapuerca. Por ellos ya sabíamos algunas cosas, como que tenía los ojos marrones y hundidos, y una rostro surcado de arrugas que le hacía parecer un anciano aunque se cree que tenía unos 45 años. Además, también sabíamos que comía cabra -su estómago estaba lleno de ese tipo de carne cuando murió- y que era poca cosa: pesaba unos 45 kilos y no supera el 1,60 de altura. Ahora, la secuenciación del genoma ha permitido confirmar algunas de sus características y conocer otras nuevas.
Por ejemplo, los investigadores han descubierto que Ötzi tenía algunos problemas de salud.Sufría de las arterias y tenía caries en los dientes, pero hay aún más información que puede deducirse de su genoma. «Nos gustaría saber lo más posible acerca de sus condiciones de vida, sobre sí mismo y también sobre la causa de su muerte. Realmente, tratamos de reconstruir la escena del crimen tanto como sea posible», dice Albert Zink, director del Instituto de Momias y el Hombre de Hielo en Bolzano, Italia, y líder de la investigación.
En 2008, los científicos dieron a conocer la secuencia completa de ADN tomada de la mitocondria celular de Ötzi. Contenía mutaciones que no se encuentran en las poblaciones actuales, lo que dio lugar a especulaciones de que el «hombre de hielo» había pertenecido a un pueblo que había desaparecido de Europa. Para tener una mejor idea de la ascendencia de Ötzi y echar un vistazo a algunos de sus rasgos genéticos, el equipo de Zink secuenció el ADN de los núcleos de las células tomadas de una astilla de hueso de la pelvis del hombre de hielo. La secuencia representa alrededor del 96% del genoma de Ötzi.

Parientes sardos

Los datos sugieren que Ötzi tenía los ojos marrones y la sangre de tipo O, y que era intolerante a la lactosa. El equipo de Zink también ha descubierto variantes genéticas vinculadas al endurecimiento de las arterias, lo que podría ayudar a explicar los depósitos de calcio encontrados en las tomografías. «Él no era obeso, era muy activo, no tenía factores de riesgo importantes para el desarrollo de la calcificación de su corazón», dice Zink. «Tal vez desarrolló esto debido a una predisposición genética».
El genoma de Ötzi también apunta a otros problemas de salud. tenía una bacteria que causa la enfermedad de Lyme. Se especula que los tatuajes encontrados en el cuerpo en la columna vertebral, los tobillos y detrás de su rodilla derecha podrían haber sido un intento de tratar el dolor en las articulaciones que produce este mal.
Otro de los aspectos más interesantes de la secuenciación del genoma de Ötzi son sus ancestros y orígenes. ¿Le quedan parientes vivos? Su cromosoma Y posee las mutaciones más comunes entre los hombres de Cerdeña y Córcega, y su genoma nuclear sitúa a sus más cercanos parientes de hoy en día en la misma zona. Quizás el tipo de Ötzi vivió una vez en toda Europa, antes de extinguirse o de mezclarse con otros grupos en todas partes excepto en estas islas. Ahí sigue vivo de alguna forma.

Fuente: ABC.ES