Resulta difícil imaginar que existen cavidades subterráneas naturales tan grandes, que son capaces de empequeñecer a un avión Jumbo si los situáramos en su interior, o de contener en su espacio a la Gran Pirámide de Egipto.
Cuando algunos exploradores se internan en las cuevas que se ocultan debajo de la superficie y no llegan a iluminar con sus linternas los extremos de las cavidades que descubren por las enormes distancias, apenas pueden intuir que se encuentran en algunos de los espacios naturales cerrados más impresionantes del mundo, un descubrimiento que con algo de luz artificial, dejaría atónito a más de uno de nosotros.