Un nuevo estudio arroja luz sobre la memoria social de nuestros primos evolutivos, quienes en algunos casos pudieron reconocer a familiares que no veían hacía 26 años.
Si hay algo que caracteriza a los humanos es la capacidad que tenemos para reconocer a personas que alguna vez han formado parte de nuestra vida: desde los detalles más sensoriales, como el rostro o el tono de su voz, hasta los más complejos, como el nombre o la posición que ocupaba en una determinada jerarquía social.
