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domingo, 7 de enero de 2024

2023: empeoran intolerancia y discriminación contra ateos

 Desde 2011, la organización Humanists International publica el reporte Libertad de Pensamiento, un índice global sobre el estatus legal de los ateos, humanistas y no-religiosos en general en el mundo, y qué tanta discriminación se ejerce contra ellos. Las ediciones de años anteriores no han sido precisamente esperanzadoras.





La semana pasada Humanists International publicó la Edición de Países Clave 2023 y, para sorpresa de nadie, la discriminación e intolerancia contra ateos y humanistas seculares sigue a la alza.

domingo, 28 de abril de 2019

Las religiones no unen, separan.

Por lo general los cristianos piensan que su religión une a la humanidad, pero no une ni a su propia familia. Aunque han leído algunos párrafos de su libro sagrado (los indicados por sus líderes), probablemente no se han fijado, o no le han dado importancia a las palabras de Jesús cuando dijo: “…he venido para poner en disensión al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra; y los enemigos del hombre serán los de su casa.” (Mateo 10: 34-36). No han notado quizás que Jesús exigía que lo amaran a él sobre todas las cosas, incluso sobre sus familiares más queridos. Advertía: “El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí” (Mateo 10: 37). Y hasta llegó a afirmar: “Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo” (Lucas 14: 26). ¿Algún cristiano que conserve su salud mental, habrá cumplido honestamente esta orden?
Y me refiero a los cristianos, porque ellos dominan nuestro ambiente occidental. Pero lo cierto es que, lamentablemente, cada vez las religiones separan más a la humanidad en un mundo donde no sólo el cristianismo existe, sino también el judaísmo, el islam, el hinduismo, el budismo, el taoísmo, el sintoísmo, el sijismo, el jainismo, el zoroastrismo, el bahaismo, el cheondoísmo, el rastafarismo, la cienciología, etc., etc. Al final, se calcula que hay unas 4500 religiones en total.




Entre éstas hay religiones teístas y no teístas. Las teístas afirman que existe un creador del universo que mantiene y gobierna su creación, mientras que las no teístas (como el budismo y el taoísmo) rechazan la existencia de dioses omnipresentes, universales o todopoderosos. Pero además hay también personas deístas y panteístas.
Sin embargo algunas religiones tienen presencia dominante. Se calcula que puede haber unos 2100 millones de cristianos aproximadamente, unos 1300 millones de musulmanes y unos 1000 millones de hindúes. Pero además se calcula que hay unas 25.000 sectas cristianas (o como ellos prefieren llamarlas, “denominaciones”).
¿Y cuál es el principal problema de todo esto? – que cada uno de estos grupos se cree el poseedor de la verdad absoluta e indiscutible, de “la única creencia verdadera”, y mira a los demás como adversarios, como “infieles”, o incluso como seres destinados a un sufrimiento perpetuo, con “llanto y crujir de dientes”.
Así que al final resultaron siendo proféticas las palabras atribuidas a Jesús, puesto que la hija con su madre, la nuera con su suegra, el esposo con su esposa, los nietos con sus abuelos, los hermanos, los primos, los tíos, están en disensión, y se consideran unos a otros “infieles”, “pecadores”, condenados al sufrimiento eterno, porque pertenecen a distintas sectas (o “denominaciones”). Uno es adventista, el otro Testigo de Jehová, el otro mormón, otro católico, otro bautista, otro luterano, otro calvinista, otro metodista, otro pentecostal… Y como resultado, ahora no pueden ni siquiera haber reuniones familiares como antes, porque cada quien tiene compromisos con su respectiva iglesia. En el pasado quedaron aquellos cumpleaños o fiestas familiares tradicionales. Siempre se escucha ahora la excusa: “Discúlpenme, pero tengo un compromiso con la iglesia”. Y claro, la iglesia es ahora lo más importante. Los miembros de la iglesia son ahora sus verdaderos “hermanos”, y la comunidad de creyentes es ahora su verdadera familia. Y por supuesto, a la iglesia le interesa controlar el tiempo de sus adeptos, porque ésta es una importante estrategia de manipulación. Por eso promueve cursos de adoctrinamiento, talleres, retiros espirituales, actividades donde los creyentes puedan estar juntos, sin que tengan tiempo para sí mismos o para sus parientes. ¡Qué lástima!

domingo, 14 de febrero de 2016

RICKY GERVAIS: “TODA PERSONA TIENE DERECHO A CREER LO QUE QUIERA…”

Ricky Gervais: “Toda persona tiene derecho a creer lo que quiera… Y todas las demás personas tienen el derecho de encontrarlo jodidamente ridículo”.



¿Por qué quiero hablar de esto?


La palabra ” respeto” es invocada cada dos por tres, por los creyentes, cuando hablamos de sus dioses y sus creencias y religiones.

A los trece años, recuerdo haberle comentado a un adulto, que arrodillarse frente a una estatua de yeso y besarla me parecía tonto, no tenía sentido para mi joven cerebro. Esta persona, no me brindó una explicación de por qué se hacía, sólo me reprendió diciendo que respetara.
Cada vez que se hacen comentarios críticos o sarcásticos o de cualquier tipo, en contra de una religión o su dios, la gente se exalta y te piden “respeto”. O sea, si no estas de acuerdo o si pensas diferente, te tenés que callar. Pero nadie les pide a ellos que se callen y dejen de profesar su fe a los cuatro vientos.

Los religiosos quieren privilegios especiales, por lo que ellos ELIGEN creer.

La religión no es como la raza, ni es como una discapacidad física. Burlarse de un minusválido sería cruel e inhumano (y cabe decirlo, demasiado acorde con la biblia, para mi gusto).

Hacerle comentarios racistas a alguien de cualquier raza o burlarse por su color de piel u orientación sexual, aunque ésta no nos guste, es idiota. No es su elección.
Pero tu religión es TU elección, así como el color de tu pantalón. Y sí puedo opinar, que tu pantalón a rayas verdes es horroroso, o que tal persona se viste como caja fuerte, porque sólo ella sabe su combinación (de hecho, hay reality shows, donde a la gente le pagan por decirle a otros lo ridículo que se visten).
Entonces, yo puedo opinar y decir en voz alta y en público lo ridículas que me parecen tus ideas religiosas.

Lo lindo de esto es, que también tenes la elección de leer y escuchar mis opiniones, o taparte los ojos y oídos e ignorarme, pero no me vengan conque es ” falta de respeto”
.
Falta de respeto es que yo me tenga que aguantar sus bombas y fuegos artificiales en los días de los santos, las vírgenes y demás. Que yo tenga que barrer la basura de sus festejos de mi acera o mi jardín, porque les encanta pasar cantando, con sus figuritas enfloradas, pero no limpian la porquería que dejan atrás. Eso es falta de respeto y consideración.

Puedo decir que si dios existiese, sería un soberano bastardo, cruel hijo de su prostituta madre. Y no es falta de respeto, ¿ves?

En teoría, estaría irrespetando a dios, SI ACASO existiera (y si así fuera, no me merece ningún respeto, ni él, ni su conducta misógina, homicida e infanticida, ni su podrida creación defectuosa). No es que yo ande pateando religiosos, bombardeándolos o quemando iglesias (para eso, ya existen OTROS religiosos).

Igual los creyentes pueden opinar lo que quieran de los ateos. Total, que me digan que voy a ir al infierno por blasfema, equivale a que me digan que Santa Claus no me va a traer regalos en navidad.

Así que, las inseguridades que tengan respecto a su fe, es cosa de ustedes, no mía. Si les ofende mi “blasfemia”, o si les mueve el piso de alguna forma, entonces, tal vez están despertando y su fe ya no sea tan fuerte.


domingo, 1 de marzo de 2015

martes, 28 de octubre de 2014

Por qué enseñarle a los hijos que la religión es absurda


Muchos ateos dicen que no le enseñarán a sus hijos que la religión es falsa para no 'adoctrinarlos'.





Kaveh Mousavi explica por qué debemos enseñarle a los hijos que la religión es ridícula:


Entiendo el sentimiento detrás de esto. El adoctrinamiento es malo. Algunos ateos no quieren pensar por sus hijos, quieren centrarse en enseñarles tolerancia y pensamiento crítico. Es muy respetable. Pero en última instancia, no estoy convencido.

En primer lugar, creo que la religión no merece más respeto que todas las demás estafas y fraudes que contaminan el mundo. Estoy seguro de que no le voy a dar más peso y respeto a la religión del que le daría a la astrología, la homeopatía, el movimiento antivacunas, el pensamiento positivo, y todas las demás supersticiones. Con sólo darle más peso a la religión en comparación con los demás disparates, estoy siendo cómplice de la hegemonía religiosa en el mundo.

En segundo lugar, la enseñanza de la tolerancia va profundamente en contra de tratar con respeto a la religión. Para mí, ser tolerante no es suficiente, los niños también deben aprender a sentir asco por la intolerancia. Por supuesto, hay religiosos tolerantes, pero también me gustaría enseñarle a mis hijos a separar las ideologías de las personas. Los dos Biblias y el Corán son libros horriblemente inhumanos, la religión ha sido una fuerza de la tiranía a lo largo de su historia, y no creo que respetarla sea un mensaje de tolerancia en absoluto.

En tercer lugar, como he mencionado, todavía vivimos en una era de hegemonía religiosa. Yo no fui adoctrinado por mis padres, sino por la escuela. Mis padres se negaron a influirme de una u otra manera sobre dios. Así que los hogares ateos ya están en desventaja. No se puede aislar a los niños de la religión de la la forma en que están aislados del ateísmo. ¿Por qué empeorarla quedándonos callados?

Cuarto, en última instancia, si le enseñas a tus hijos a ser pensadores críticos, lo primero que deben aprender es a cuestionar la autoridad, y tú eres la autoridad. Así que si los niños son criados para cuestionarlo todo y a todos, incluyendo a sus padres, no deberían tener dificultades para encontrar la religión si es lo que los convence.

En quinto lugar, la cuestión de dios puede separarse de la cuestión de la religión; puede ser tratada abiertamente, y la escritura puede enseñarse como literatura y la forma en que ha influido en la cultura. Así que enseñarle a los niños que la religión es absurda no significa que tengas que cerrar el debate. Podrías pensar que la existencia de dios es una cuestión incierta, pero sigue siendo cierto que la religión es falsa.

lunes, 1 de abril de 2013

LA MISERABLE VIDA DE UN ATEO


Todos los ateos, agnósticos y escépticos en algún momento nos hemos topado con alguien que desprecia nuestra existencia alegando que nos centramos demasiado en los hechos. Que más allá de la ciencia nada existe para nosotros, resultando una vida fría y aburrida.
Una vida en la que nacemos. Crecemos pasando por varias etapas en las que descubrimos la grandeza de todo lo que nos rodea y, si nada se interpone en nuestro camino, viviremos sin problema más de 80 años en unas condiciones más que aceptables.
Una vida en la que conoceremos a cientos o miles de personas. Con un puñado de ellas intimaremos y pasaremos ratos inolvidables. De algunas incluso nos enamoraremos. Puede que hasta lleguemos a formar una familia y tener unos hijos que disfrutaremos criándolos y adentrándolos en los misterios de esa miserable vida.
Una vida en la que escucharemos miles de canciones y melodías. Algunas las bailaremos, otras las tararearemos durante los tiempos muertos. Algunas las compartiremos con nuestros amigos, otras las disfrutaremos en la más absoluta soledad. Algunas las despreciaremos y otras las sentiremos parte de nosotros.
Una vida en la que veremos cientos de películas. Con algunas nos identificaremos, con otras simplemente veremos una vida lejos de nuestro alcance. Con algunas lloraremos a moco tendido, mientras con otras reiremos durante semanas. Algunas las volveremos a ver y de otras no nos volveremos a acordar.
Una vida con cientos de ciudades que visitar. Cientos de monumentos que conocer, fotografiar y cuyos misterios desentrañar. Cientos de caminos por los que pasear y parajes por los que perderse, para disfrutar de unas vistas y sensaciones únicas.
Una vida con incontables culturas que conocer. De algunas tomaremos costumbres que nos harán más fuertes. De otras aprenderemos anécdotas que nos ayudarán a entender el mundo en el vivimos. Y de todas ellas disfrutaremos de una gastronomía y un folclore singular que, nos guste o nos disguste, ampliará nuestras miras y capacidades de disfrute.
Una vida con miles de libros que leer. Con algunos desentrañaremos y aprenderemos de nuestro pasado, con otros simplemente imaginaremos uno de los (im)posibles futuros. Algunos nos servirán para entender la ciencia que explica el mundo en el que vivimos, otros simplemente servirán para hacernos más preguntas sobre todo aquello que aún no podemos explicar.
Una vida para el amor. Para disfrutar del coqueteo, de la búsqueda de esa persona y conseguir un primer beso. Y para recibir muchos. Para encontrar el placer de la carne y hacer el amor una y otra vez, pero también para echar un polvo en condiciones. Uno no, varios.
Una vida con infinitos sueños que perseguir y grandes ilusiones que compartir. Con sorpresas que nos desconcertarán o nos asombrarán. Con promesas que cumplir y promesas que romper y equivocarnos. También con disculpas que presentar, acompañadas de gratas reconciliaciones.
Pero moriremos.
Porque llegará el día que moriremos. Moriremos para no volver a despertar, para no llegar a un lugar mejor (o peor) en el que disfrutar de una segunda oportunidad. Después de nosotros sólo quedarán los recuerdos en las personas que queden atrás. Y con el paso de los años, las décadas y los siglos ni siquiera quedará eso. Seremos parte del olvido, como si jamás hubiéramos existido.
Y moriremos con millones de grandes personas que conocer, con millones de canciones que escuchar, con millones de películas que ver, con millones de lugares que visitar, con millones de culturas que conocer, con millones de libros que leer, sin haber soñado suficiente y sin haber amado suficiente.
Pero no, la vida de un ateo no es miserable, lo miserable es su brevedad. Si hubiera un dios, jamás habría sido tan injusto de ponernos en los labios una miel de la que jamás podremos disfrutar.


Fuente: 
http://recuerdosdepandora.com/relatos/la-miserable-vida-de-un-ateo/