Toda persona que tiene un compañero canino ha sido salpicado de jabón y agua en cada ocasión que lo baña, ya que al menor descuido el perro se las sacude de su pelaje con una rápida ráfaga oscilatoria de movimientos de la cabeza y la parte superior del tronco, que envía el líquido en todas direcciones.
Detrás de estas sacudidas no hay la intención de empapar a quien lo está mojando, sino un complejo y misterioso mecanismo neurobiológico que comparten muchos mamíferos peludos.