domingo, 29 de abril de 2018

Las 10 vacunas que más vidas humanas han salvado

1. Viruela
El último caso de viruela en España es de 1950. La enfermedad era muy contagiosa y se transmitía principalmente por el aire. Al cabo de unos pocos días la piel se cubría de unos bultitos que no tardaban en llenarse de líquido, como ampollas, y luego exudaban pus, las pústulas. Un par de semanas después se secaban y se formaban costras que, cuando se desprendían, dejaban los típicos hoyos en la piel. También eran frecuentes los vómitos, diarreas y hemorragias. Más del 30 % de las personas infectadas podían morir a los pocos días. Los que sobrevivían, a menudo quedaban ciegos, estériles y con profundas cicatrices y lesiones en la piel. La OMS calcula que el virus de la viruela ha sido responsable de más de trescientos millones de muertos… solo en el siglo xx, más que las guerras mundiales, la gripe de 1918 o el sida juntos. En 1796 el médico inglés Edward Jenner desarrolló la primera vacuna contra la viruela. Desde mediados del siglo xx ha habido campañas de vacunación mundiales contra la viruela. Así, se ha conseguido que el último caso de infección natural por viruela fuera el 26 de octubre de 1977: Ali Maow Maalin, un joven somalí de veintitrés años fue la última persona conocida en el mundo que padeció viruela como infección natural. En 1980, la OMS declaró erradicada la viruela. Ha sido la primera y de momento la única enfermedad infecciosa humana erradicada del planeta. Y todo gracias a la vacuna.
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2. Peste bovina
La peste bovina se declaró oficialmente erradicada de todo el mundo en el año 2011. Es la primera enfermedad animal erradicada en la historia de la humanidad. El virus de la peste bovina no es patógeno para el ser humano, y por eso puede darnos la falsa impresión de que no es importante. Pero para el ganado vacuno la tasa de mortalidad puede llegar al 90 %, la enfermedad ha estado presente en Europa, África y Asia desde la época de los romanos y ha causado cientos de millones de muertes de cabezas de ganado a lo largo de cientos de años. Por eso, las epidemias de peste bovina no solo han estado asociadas a grandes pérdidas económicas sino que también han ocasionado grandes hambrunas y muertes en la población humana. Las primeras vacunas contra la peste bovina ya las desarrolló Robert Koch a finales del siglo xix, y luego se han ido mejorando con vacunas cada vez más eficaces. En los años ochenta comenzó un programa mundial para la erradicación de esta enfermedad. El último caso registrado de peste bovina data de 2001 y diez años después se declaró oficialmente que el mundo estaba libre de la enfermedad. Gracias a las vacunas hemos sido capaces de erradicar del planeta dos grandes plagas, la viruela en humanos y la peste bovina.
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3. Poliomielitis
La poliomielitis es otra enfermedad infecciosa que ha causado epidemias desde hace siglos. Está causada por un virus que invade el sistema nervioso y puede paralizar los músculos de la respiración y causar la muerte, además de deformidades y efectos invalidantes. Puede afectar a personas de cualquier edad, pero es mucho más grave en niños menores de cinco años. Una de cada doscientas infecciones acaba en parálisis irreversible de las piernas, porque el virus puede destruir las células nerviosas de esos músculos. Ha sido una de las enfermedades más extendidas en el siglo xx hasta la aparición del sida. Es una enfermedad para la que no existe cura, solo tratamientos para aliviar los síntomas. Lo que sí existen son vacunas para prevenir la infección. Existen dos vacunas contra la polio, la vacuna desarrollada por Jonas Salk con virus muertos inactivados que empezó a usarse en EE.UU. en 1955, y la desarrollada por Albert Sabin con virus vivos atenuados y debilitados que se administra por boca en forma de gotas, por lo que se conoce como la vacuna de la polio oral. Desde mediados de los años 50 se han vacunado millones de niños en el mundo entero. El número de casos de polio en el mundo ha disminuido de trescientos cincuenta mil en 1988 a sólo veintidós en 2017. Si se sigue a este ritmo, la polio muy pronto será la segunda enfermedad infecciosa humana erradicada del planeta. La polio se erradicó en España en 1982.
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4. Rabia
La rabia es una de las enfermedades virales más antiguas y más temidas. Está extendida por todo el plantea, excepto Australia y la Antártida. Es una enfermedad muy infecciosa entre los mamíferos, particularmente en poblaciones silvestres de perros, coyotes, zorros, mapaches y murciélagos. Los perros son el reservorio o almacén mundial del virus y son responsables del 95 % de los casos de rabia humana. Alrededor del 75 % de las personas infectadas por rabia padecen encefalitis en los primeros días. El periodo de incubación puede ser desde cuatro días hasta seis años, en algunos pocos casos. Lo normal es que la enfermedad dure unos pocos días, en un par de semanas se entra en coma y en un promedio de tres semanas la muerte. Si no se consigue parar al virus y comienzan los síntomas, la mortalidad es prácticamente del 100 %, la rabia es probablemente el virus más mortífero que existe. La OMS estima que cada año más de quince millones de personas en todo el mundo reciben tratamiento post-exposición con la vacuna y mueren unas sesenta mil personas por rabia, sobre todo en Asia y África. España está libre de rabia desde 1978. La mejor forma de erradicar la rabia es la vacunación de los animales.
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5. Sarampión
El sarampión es una enfermedad infecciosa para la que existe una vacuna efectiva, segura y gratuita. En el año 2002 el continente americano fue declarado libre de sarampión, y la Unión Europea se marcó el objetivo de erradicarla en 2015. Pero de momento no lo hemos conseguido. Todo lo contrario, las autoridades sanitarias han alertado que en los últimos años han aumentado los casos de sarampión en Europa de forma preocupante. El sarampión es una de las enfermedades infecciosas más contagiosas. Se transmite muy fácilmente por vía aérea, a través de los aerosoles y microgotículas que emitimos al respirar. Antes de la vacunación más del 90 % de la población menor de veinte años había tenido el sarampión. En una guardería, si hay un caso de sarampión el 85 % de los niños expuestos pueden llegar a infectarse y el 95 % desarrollar la enfermedad (si no están vacunados). En cerca del 10 % de los casos la infección puede tener consecuencias graves, incluso la muerte. No existe un tratamiento específico y la única medida de prevenirlo es la vacuna. Los ensayos clínicos muestran una eficacia del 93 % con una dosis, alcanzando casi el 100 % cuando se administra la segunda dosis. Confiere protección durante toda la vida. Se estima que entre 2000 y 2016, la vacuna evitó más de veinte millones de muertes en todo el mundo, lo que la convierte en una de las mejores inversiones en salud pública (inmunizar a un niño contra el sarampión cuesta menos de un euro). A nivel mundial, el sarampión en una de las principales causas de muerte en niños pequeños, pero por primer vez en la historia, en 2016 hubo menos de cien mil muertes por sarampión en todo el mundo. Hace tan sólo treinta y cinco años el sarampión mataba dos millones seiscientas mil personas al año, lo que supone más de un 96 % de reducción. Si la cobertura vacunal mundial fuera superior al 95 % podríamos erradicar la enfermedad del planeta.
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6. Tétanos
El tétanos es una enfermedad aguda causada por una potente exotoxina producida por la bacteria Clostridium tetani. La toxina del tétanos es uno de los venenos más potentes que se conocen, afecta al sistema nervioso central y causa rigidez muscular generalizada, dificultad para respirar, espasmos dolorosos y convulsiones. La mortalidad es de hasta un 50 %. La bacteria penetra a través de heridas en la piel y no se transmite de persona a persona. El tétanos sigue siendo un problema importante de salud pública, sobre todo el tétanos maternal y neonatal en países en vías de desarrollo. La OMS estima que todavía mueren unos cincuentaiocho mil recién nacidos por su causa, un 93 % menos que en 1980. La vacuna contra el tétanos (DTP: difteria, tétanos y pertusis) se introdujo en España en 1965. Entre 2005-2015 se han notificado en España ciento treinta y seis casos de tétanos y veinticinco fallecimientos, todos mayores de 64 años. En España no se declaran casos de tétanos neonatal desde hace más de veinte años (con la excepción de un caso en 2006 en Melilla, en un recién nacido de parto domiciliario en Marruecos). Europa está libre de tétanos neonatal desde 2009, y en septiembre de 2017 la Organización Panamericana de la Salud anunció que el continente americano había logrado eliminar el tétanos materno y neonatal. Y todo gracias a la vacuna. El mundo quedan aún quince países pendientes de lograrlo.
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7. Difteria
La enfermedad se transmite por vía respiratoria y produce fiebre, dolor de garganta intenso y dificultad para respirar por obstrucción grave de las vías aéreas, de tal forma que puede llevar a la asfixia y la muerte. El tratamiento consiste en antibióticos, suero antitoxina de la difteria, así como medidas de soporte respiratorio (traqueotomía, intubación endotraqueal, …). La mortalidad es del 5-10 %, siendo mayor en niños menores de cinco años. Gracias a la vacunación sistemática en España no se producía ningún caso desde hace casi treinta años. En el periodo de 2014-2017 se han registrado en España cuatro casos de difteria, uno de ellos con fallecimiento.
8. Tos ferina
La tosferina está causada por la bacteria Bordetella pertussis, que se contagia por vía aérea o contacto. Produce una enfermedad respiratoria muy molesta en adultos pero muy peligrosa en los más pequeños, que puede llegar a causarles insuficiencia respiratoria. A nivel mundial la tos ferina afecta a varios millones de personas por año y se calcula que mueren cada año unos ochentainueve mil niños por esta enfermedad, por lo que es una de las principales causas de muerte prevenible por vacunación en todo el mundo. El nombre de tos “ferina” viene por el ruido característico del niño al toser. En el siguiente video oirás un niño afectado por tos ferina, seguro que no te deja indiferente la angustia del niño que no puede respirar:

La vacuna frente a la tos ferina (que se administra junto con la de la difteria y el tétanos) fue introducida en la embarazada en el año 2011 en EE.UU. y Reino Unido, como consecuencia de un importante aumento de los casos, especialmente en niños y lactantes. En España, desde 2014 algunas Comunidades Autónomas se unieron a esta iniciativa de vacunación sistemática a las embarazadas, por lo que se ha reducido la incidencia y la mortalidad, sobre todo en recién nacidos.
9. Fiebre amarilla
La fiebre amarilla es una enfermedad viral transmitida por mosquitos. Se calcula que más de quinientos millones de personas están en riesgo de sufrir la enfermedad en África y aproximadamente otros cuatrocientos millones en Latinoamérica. Se estiman unos doscientos mil casos anuales y treinta mil muertes por fiebre amarilla, la mayoría en África. La fiebre amarilla representa además un riesgo importante para los más de tres millones de viajeros que visitan cada año las zonas afectadas por esta enfermedad. No hay un tratamiento antivírico específico para la fiebre amarilla. En las personas que desarrollan la enfermedad grave la mortalidad puede llegar al 50 %. Pero se puede prevenirse con una vacuna muy eficaz y segura que existe desde hace décadas, y que una sola dosis es suficiente para conferir inmunidad durante al menos diez años. Gracias a las campañas de vacunación de los años 40 y a la lucha contra los mosquitos, la fiebre amarilla pasó a ser una enfermedad tropical y en España no hay casos de fiebre amarilla desde hace muchas décadas.
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10. Hepatitis B
Se estima que en el mundo hay más de doscientos cincuenta millones de personas con infección crónica por el virus de la hepatitis B. En 2015, la hepatitis B ocasionó más de ochocientas mil muertes, la gran mayoría debido a sus complicaciones. En algunos casos el virus puede producir una infección crónica que acaba complicándose con cirrosis o incluso cáncer de hígado. No hay tratamiento específico contra esta hepatitis. Los niños infectados antes de los seis años de edad son los que más fácilmente pueden desarrollar una hepatitis crónica. Por eso, la OMS recomienda la vacunación de los niños cuanto antes después del nacimiento. La forma más eficaz de prevenir esta enfermedad es la vacunación. Existe una vacuna contra la hepatitis B desde el año 1982, que tiene una eficacia del 95 %. Actualmente hay campañas de vacunación contra la hepatitis B en ciento ochenta y tres países y se administran millones de dosis todos los años.
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Fuente: http://naukas.com/2018/04/23/las-10-vacunas-mas-vidas-humanas-salvado/

sábado, 17 de marzo de 2018

El Dios "innecesario": así explicaba Stephen Hawking por qué no creía que el universo hubiera sido creado por un ser superior



El científico Stephen Hawking, quien murió este miércoles a los 76 años, se enfrentó toda su vida a dos preguntas que usualmente van unidas.
La primera: ¿cómo se creó el universo?
Para intentar responderla, se dedicó al estudio de la teoría del Big Bang y la teoría del todo, dos de sus más grandes aportes a la ciencia, con las que intentó explicar el origen del universo.
Ambas, aunque bastante complejas, lo llevaron a una conclusión simple y contundente: "No es necesario invocar a Dios para encender la mecha y darle inicio al Universo". Y así lo escribió en su libro "El gran diseño" en 2010.
"Las leyes de la física pueden explicar el universo sin la necesidad de Dios", decía ese mismo año en entrevista con el diario británico The Guardian.


Ilustración del Big BangDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES

Image captionStephen Hawking dedicó su vida al estudio de la teoría del Big Bang.


Luego de afirmar que el Big Bang fue el comienzo de todo, inevitablemente se enfrentaba a la siguiente pregunta: ¿y entonces qué hubo antes?
Frente a esta interrogante, que ante cada respuesta podría repetirse hasta el infinito, tampoco incluía la posibilidad de la existencia de un Dios.
"Cuando la gente me pregunta si Dios creó el universo, les digo que la pregunta en sí misma no tiene sentido", narró Hawking en un video para el canal de televisión por cable especializado en ciencia Discovery Channel.
"El tiempo no existía antes del Big Bang, así que no había tiempo en el que Dios pudiera crear el universo".
A Hawking, a pesar de lo complejo de sus teorías, le parecía que había una mejor explicación para el origen del universo que un Dios creador.
"Para mí, la solución más simple es que no hay Dios, nadie creó el universo y nadie dirige nuestro destino", sentenciaba.


¿Negaba la existencia de Dios?
Pero más que negar la existencia de Dios, Hawking simplemente consideraba fútil hacerse la pregunta.
"Uno no puede probar que Dios no existe", le dijo en 2010 a la cadena estadounidense ABC. "Pero la ciencia hace a Dios innecesario".
En 1988, en su exitoso libro "Breve historia del tiempo", Hawking incluso dejaba una puerta abierta para un ser creador.
En la obra escribía que si llegáramos a articular la teoría del todo, podríamos conocer "la mente de Dios".
Luego, en 2007, volvió a la idea de la posibilidad de un Dios.
"Creo que el universo está gobernado por las leyes de la ciencia", dijo en una entrevista con la agencia Reuters. "Las leyes han podido ser decretadas por Dios, pero Dios no interviene para romper las leyes".


El papa Francisco y Stephen Dawking en el Vaticano el 28 de noviembre de 2016.Derechos de autor de la imagenAFP

Image captionHawking participó en varios eventos en El Vaticano el 28 de noviembre de 2016.Años después, sin embargo, el mismo Hawking se encargó de explicar a qué se refería cuando hablaba de Dios.
"Lo que quise decir cuando dije que conoceríamos 'la mente de Dios' era que comprenderíamos todo lo que Dios sería capaz de comprender si acaso existiera", le dijo al diario español El Mundo en 2104. "Pero no hay ningún Dios. Soy ateo".

¿Se llevaba bien con la Iglesia católica?

A pesar de sus posiciones, Hawking visitó varias veces el Vaticano.
Allá participó en eventos de la Academia Pontificia de las Ciencias, ante la cual ofreció una charla acerca del origen del universo en 2016.
Hawking también tuvo encuentros con el papa Benedicto XVI y Francisco.
"Estamos profundamente tristes por el fallecimiento de nuestro destacado académico Stephen Hawking, que fue tan fiel a nuestra Academia", tuiteó la Academia Pontificia de las Ciencias tras la muerte del científico.
"A los cuatro papas que conoció les dijo que quería avanzar en la relación entre la fe y la razón científica. Oramos para que el Señor lo reciba en su gloria".
Ilustración de un hombre llegando al cieloDerechos de autor de la imagenGETTY
Image captionHawking no creía en la vida después de la muerte.
Y después de la muerte,¿qué?
Hawking decía no tenerle miedo a la muerte. Y como no creía en Dios, tampoco creía en el cielo.
"Considero que el cerebro es una computadora que deja de funcionar cuando sus componentes fallan", dijo en entrevista con The Guardian en 2011.
"No hay cielo o vida después de la muerte para las computadoras dañadas. Ese es un cuento de hadas para personas que le temen a la oscuridad".
Ese pragmatismo, sin embargo, era el que lo mantenía maravillado y lo impulsaba a buscar las respuestas a esas dos preguntas que lo acompañaron durante toda su vida.
"Probablemente no hay cielo ni vida después de la muerte", dijo en Discovery Channel.
"Tenemos esta vida para apreciar el grandioso diseño del universo, y por eso, estoy extremadamente agradecido".





domingo, 11 de marzo de 2018

El Psicoanálisis vaya timo...

Todos hemos visto películas en las que un señor/a con algún tipo de padecimiento indeterminado acude a la consulta de otro señor/a, se sienta en un diván y habla durante una o dos horas mientras el terapeuta, con gesto serio, hace anotaciones y alguna pregunta corta mientras muerde las gafas coquetamente. Y es que esa es la metodología básica de esta práctica pseudoterapeutica, la ‘asociación libre’. Esto es, hablar lo primero que le venga a uno a la cabeza frente a alguien que toma la posición de Dios -su silencio, sobre todo- y que decide cuándo estamos enfermos y cuándo sanos.
Antes de comenzar a analizar si es psicoanálisis sirve para algo, o si constituye realmente parte del corpus de conocimiento científico, quisiera hacer algunos comentarios preliminares.
El concepto de placebo es bastante sencillo de explicar en el caso de fármacos o para dolencias que presentan una etiología fisiológica bien definida. Cuando se contrasta la eficacia de un fármaco en una prueba de doble ciego -y así suele hacerse, sobre todo en modelos animales- uno de los grupos es evaluado con la administración de algo que luce exactamente igual que el fármaco, pero que no contiene el principio activo. En el caso de terapias que no emplean fármacos, el proceso es el mismo. Aunque en este último caso se emplean desde asiáticos que no tienen ni idea de hacer acupuntura, hasta masajistas que se hacen pasar por reflexólogos.
No hemos de olvidar que el efecto placebo es un fenómeno real, estudiado y explicado por la ciencia. Un placebo habitual supone una reducción de la percepción de los síntomas -que no necesariamente su remisión-, y normalmente tiene lugar por efecto de la liberación de opioides endógenos o de descargas de dopamina ante el horizonte de expectativas de ser curado. Recordemos que la administración de un fármaco, si se hace bien, ya incluye el placebo, pero a su efecto se le suma el del principio activo que contiene.
La psicología es una ciencia especialmente difícil, y con el tema de los placebos no iba a ser diferente. Realmente cuando decimos ‘placebo’ en psicología estamos haciéndolo metafóricamente, dado que no se trata del mismo proceso al que estamos habituados en otros casos. Aquí no nos referimos específicamente a la liberación de ningún neurotransmisor, sino a la sensación de estar siendo ayudado por alguien. Todo psicoterapeuta -o supuesto psicoterapeuta- tiene ya de entrada ganado el efecto placebo, al igual que lo tiene un amigo que nos eche una mano y nos escuche. Pero en este caso para probar la efectividad real de un tratamiento psicológico debemos evaluar que la técnica específica que emplea el terapeuta suponga un aumento en la efectividad de la terapia por encima de lo que puede hacer nuestros bienintencionado amigo.
¿Qué es esa cosa llamada psicoanálisis?
El psicoanálisis fue inventado por Sigmund Freud entre finales del XIX y principios del XX. Freud estuvo bajo la influencia de Charcot y sus estudios sobre la histeria empleando hipnosis, y de Breuer y su método catártico. El psiconálisis ha sido desde sus orígenes tanto un modelo teórico que pretende explicar el funcionamiento de la mente humana como un tipo de psicoterapia basada en ese modelo. Pese a la enorme cantidad de diversas ramas, grupos y derivaciones que existen entre sus adeptos, el núcleo duro sigue siendo el mismo desde su fase inaugural de la mano de Freud.
El psicoanálisis se basa en dos ideas que son bastante simples, aunque sean capaces de enredarlas hasta niveles extremos -y si no me creéis os animo a mirar alguno de los libros de Lacan, especialmente esos textos logorreicos en los que habla de la topología de los penes sin ton ni son, haciendo llorar a cualquier matemático competente.
La primera idea es que hay tres estratos diferentes dentro de la mente: el consciente, el preconsciente y el inconsciente. Todos entendemos intuitivamente que hay cosas de las que somos conscientes, cosas de las que no, pero de las que podríamos serlo eventualmente, y otros eventos mentales de los que simplemente no nos percatamos. Hasta ahí todo bien, Freud tenía razón, como cualquier niño que piense sobre este tema un rato también lo tendría. Aunque luego veremos que la forma que tiene Freud de caracterizar el contenido del inconsciente es el árbol que creció torcido en el psicoanálisis desde el principio.
La segunda idea básica intenta explicar la personalidad de las personas. Para ello habrían tres niveles de análisis: el Yo, el Ello y el Superyó. El Ello sería la base del individuo, la parte más antigua y fundamental. Su naturaleza es inconsciente, y está formado por los pensamientos, deseos y ‘pulsiones’ -palabra que no tiene ningún sentido científico, unicamente filosófico- que estarían en lo más profundo de nosotros -y no hablamos exactamente de comer o de tocarnos con la lengua esa heridita del labio, aquí hemos venido a hablar de sexo. El Ello sería una especie de ser libre ajeno a las consecuencias de sus acciones. El niño caprichoso e individualista que viviría en todos nosotros.
El Superyó sería el reverso tenebroso del Ello. Las normal morales y las reglas sociales que pondrían freno a sus apetencias descarriadas. El Superyó sería construido por la sociedad, la cultura, la educación, la familia, etc., y básicamente es represivo. Finalmente tenemos al Yo, que constituye la parte consciente de nosotros. El Yo sería la imagen que proyectamos tanto para los demás como para nosotros mismos. Sería, básicamente, el Ello pasado por el filtro del Superyó.
Hasta aquí todo es bastante simplón, pero la fiesta viene ahora con lo que construye Freud sobre este modelo de la naturaleza de la mente. Como hemos visto, estaríamos formados por tres niveles diferentes, aunque estos niveles no conformarían una unidad que trabaja de forma articulada. Al contrario, vivirían en continua guerra. El Ello y el Superyó se llevan a matar. El Yo no sabe ni que existe el Ello y a veces no es conciente de las consecuencias del Superyó. El Superyó tiene que reprimir al caprichoso Ello, que es una especie de homúnculo que lucha por salir a la superficie de la conciencia. Un duendecillo maligno que nos dice que quememos cosas.
Y eso último sería la causa de los trastornos mentales: la represión -término robado de la física, que comienza esa larga tradición psicoanalítica de descontextualizar el vocabulario científico. Un enfermo mental sería un individuo cuyo Ello no para de molestar, con un Yo que se escandaliza y recurre a mecanismos de defensa para no ver su propia realidad. Esto puede pasar tanto porque el Superyó es demasiado dictatorial o porque no hemos tenido un desarrollo correcto. Y lo que entienden los psicoanalistas por un “desarrollo correcto” incluye una correcta superación del complejo de Edipo/Electra, que la envidia de pene no nos corroa, el buen discurrir de las diferentes etapas de desarrollo sexual del niño, etc. Sí, todo sexo. Y además todo de una sexualidad barroca que da una mezcla de risa y asco.
¿Qué hay de malo en el psicoanálisis?
El psicoanálisis tiene un buen montón de afirmaciones básicas refutadas, carentes de contrastación o dignas de libros de ciencia ficción. Para analizarlas voy a partirlo por la mitad, analizándolo primero como modelo y después como terapia.
1) Como modelo de la mente
Los filósofos de la ciencia se han pasado los últimos cien años analizando cómo funciona la ciencia desde un punto de vista lógico y metodológico. En este sentido, es extremadamente usual que sea la filosofía la primera en llegar a los sitios, generando modelos abstractos, puramente teóricos, que después son contrastados por los científicos experimentales. Incluso es sano que se trabaje durante un tiempo de espaldas a los datos a fin de mejorar el modelo hasta que este pueda resistir contrastaciones sofisticadas. Pero lo que pasa con el psicoanálisis es simple y llanamente intolerable desde un punto de vista científico: lleva 120 años fingiendo ser una ciencia y a la vez negándose a someterse al tribunal de la evidencia.
El psicoanálisis es una idea filosófica, en ningún caso científica. Es un modelo que se sostiene de forma puramente dogmática, y cuyos adeptos comparten más con los de una secta que con los de un programa científico de investigación. Los avances y cambios de escuelas se basan en seguir al iluminado de turno de forma acrítica -“yo soy junguiano, lacaniano, etc.”. Esto explicaría en buena medida el porqué de la deriva al oscurantismo lingüístico y el actual aislamiento de los psicoanalistas respecto a la comunidad científica.
El primer problema del modelo es que no habla del cerebro, ni lo menciona ni lo contempla. ‘Mente’ es un término metafórico que empleamos para referirnos a las funciones superiores del encéfalo. Realmente es el cerebro funcionando. De hecho, no es ni eso. La mente es más bien la forma que tenemos de ordenar, entender, predecir y unificar los comportamientos que observamos en los demás. Está, en este sentido, en el ojo del observador, y así es como emerge de la actividad de nuestro cerebro. El modelo psicoanalista niega esto y es profundamente dualista, suponiendo que la mente no es física y, por lo tanto, que es ajena al dominio de la investigación científica -habría que preguntarse entonces cómo saben ellos tanto sobre ella y en qué se diferencian de un profeta. El psicoanálisis, es, entonces metafísico.
Los otros dos grandes problemas del psicoanálisis los pusieron de relevancia Popper y Grünbaum. Popper hizo hincapié en el carácter no falsable de muchas de las afirmaciones de los psicoanalistas. Por ejemplo, el complejo de Edipo. Para empezar, este complejo es inviable evolutivamente. ¿Qué ventaja evolutiva tendría que todos los niños de una especie tuvieran el impulso de retar a un macho adulto que les supera  5 o 6 veces en tamaño? ¿Poder copular con una hembra con un nivel altísimo de homocigosis dejando una descendencia en alta probabilidad no eficaz? Es también una aberración desde el punto de vista de la neurociencia, ya que el hipotálamo de los niños madura en la pubertad, lo cual les impide tener esa supuesta vida sexual activa. Todos estos problemas, claro, los solventan los psicoanalistas apelando a que la mente no es el cerebro y escapando por la vía metafísica.
Pero, volviendo a Popper, aún si nos encontramos con algún psicoanalista más o menos sensato que quiera investigar el complejo empíricamente, sería imposible hacerlo por razones lógicas. Si todos tenemos complejo de Edipo, entonces todos tendremos que desarrollar los síntomas. Pero, y aquí viene el truco, si no los desarrollamos, entonces es porque los estamos reprimiendo a través de un mecanismo de defensa. La casa siempre gana. Por ello el psicoanálisis sería infalsable y una hipótesis científica siempre ha de poder ser refutada, “ofrecer el cuello”. Pese a que el criterio de falsabilidad no es una maravilla como criterio de demarcación en este caso funciona bastante bien.
La última pega, por si no fuera suficiente con las anteriores, que apuntó Grünbaum y que es muy popular hoy en día, apela a que las partes del psicoanálisis que se exponen a la investigación seria, y que constituyen implicaciones contrastadoras de la teoría, simple y llanamente han sido refutadas por la neurociencia y la psicología científica. Es un modelo que debemos desechar porque es falso y no casa con la evidencia disponible, sin más. Ya he mencionado los problemas de explicación biológica que acarrea el complejo de Edipo, pero no acaba ahí la cosa. Las fases del desarrollo sexual del niño que postula el psicoanálisis no se parecen ni remotamente a lo que pasa en la realidad, las mujeres no se sienten incompletas por no tener pene -ojo con las toneladas de misoginia que contiene-, los recuerdos reprimidos son ciencia ficción, y uno parece que puede llevarse bastante bien con su padre si este es un buen tipo.
Además, las investigaciones llevadas a cabo con el modelo psicoanalítico suelen concluir en cantidades industriales de tonterías -para más información puede usted leerse los análisis de Bettelheim de los cuentos de hadas, le garantizo una tarde de carcajadas.



2) Como terapia
Si la base de la terapia psicoanalítica es su modelo de explicación de la mente, y el modelo es una basura de semejante calibre, entonces imagínese usted cómo va a ser la terapia. He comenzado este texto con la explicación de lo que es un placebo en psicología para que esta afirmación sea plenamente comprensible: el psicoanálisis, en los cientos y cientos de veces que ha sido testado como terapia, nunca ha mostrado mayor efectividad que la de un placebo. Ir al psicoanalista es igual de efectivo que ir a hablar con un amigo. Es más, como veremos en lo siguiente, puede ser incluso peor. Por lo menos nuestros amigos nos van a decir cosas bonitas, mientras que nuestro psicoanalista nos va a estar hablando de penes, de lo mucho que deseamos a nuestras hermanas y otras barbaridades que ni vamos a entender como nos encontremos con un lacaniano.
Por ejemplo, para la fobia el tratamiento con desensibilización sistemática da resultados muy por encima del placebo, y dura sólo un par de meses. Si uno tiene ansiedad, el método de relajación de Jacobson es bastante eficaz, y es lo que haremos con un psicólogo serio -quizás analicemos el foco de nuestro problema brevemente, a fin simplemente de comprenderlo. Un psicoanalista no nos va a curar nada. Lo que hará será atarnos durante años a un pseudoterapeuta sacacuartos que no tiene ni idea de lo que nos pasa y que sigue ideas descabelladas de hace 120 años. Quizás la fobia se acabe pasando sola y él se colgará la medalla, claro está.
Hemos visto ya tres problemas: no cura, nos hace malgastar dinero y perdemos nuestro tiempo. Esto genera malestar y no mejora nuestra salud, pero el psicoanálisis es también capaz de empeorarla considerablemente. Hay dos mecanismos por los cuales puede generarnos un problema por sí mismo. El primero son los falsos recuerdos. La memoria es frágil y altamente manipulable. El psicoanalista es una persona que ejerce una alta autoridad sobre el paciente, y que tiene por ello el poder de confundirlo y distorsionar sus recuerdos, incluso poniendo en su memoria cosas que nunca han pasado -recordemos que la gente que acude al psicoanalista lo hace porque se encuentra en un momento de alta vulnerabilidad. Tenemos sólo una copia de cada recuerdo, almacenada en la corteza cerebral e indexada en el hipocampo. Cada vez que los pedimos para analizarlos podemos modificarlos, perdiendo la copia original sin ser conscientes de los cambios realizados. Los falsos recuerdos son muy comunes y cualquier persona con algo de entrenamiento puede generarlos.
Cabe remarcar que los recuerdos reprimidos no han sido nunca contrastados empíricamente. En momentos de fuerte estrés agudo los glucocorticoides no permiten la potenciación a largo plazo, es decir, la generación de memorias a largo plazo. Cuando reconstruimos la fuente de nuestro problema -que podemos perfectamente no tener almacenada en el cerebro, aunque la memoria emocional sí haya respondido- y somos sugestionados por el psicoanalista, creamos un recuerdo falso.
Ha sido bastante común en pacientes de psicoanalistas la aparición de estos recuerdos inventados. Violaciones donde nunca las ha habido, deseo sexual por una madre sacado de la chistera, etc. Hay incluso una gran cantidad de plataformas de afectados de falsos recuerdos que reclaman responsabilidades legales a los psicoanalistas. Os pongo un ejemplo. Freud tuvo como paciente -soy fanático de las historias clínicas de Freud- a un niño que tenía un miedo atroz a los caballos, tan habituales en la Viena de los 20′. Como no podía ser de otra manera, la explicación que le dio Freud al miedo fue que el enorme pene del animal le recordaba al de su padre, obviando totalmente que el niño había presenciado un accidente de carros tirados por caballos.
Parece un buen ejemplo del dogmatismo psicoanalista basado en tratar de hacer encajar el mundo en el modelo reduccionista que manejan, pero la cosa va más allá. El niño tuvo que cargar con la vergüenza del diagnóstico, los padres se debieron haber horrorizado de los retorcidos pensamientos de su hijo, y es posible que, en un afán de dotar de sentido al acontecimiento, el niño buscara desesperadamente las razones de tanto odio a su padre, aunque el pobre no haya hecho nada.
Hay otra vía por la que puede ser dañino el psicoanálisis, muy común en el mundo de la pseudociencia: la evasión de tratamiento. Os cuento otra historia de Freud para ilustrar la idea, una que de verdad da rabia. Trató en una ocasión a una mujer, Dora, que tenía un dolor insoportable en la zona abdominal, cojeaba de la pierna derecha y respiraba con dificultad. Freud atribuyó sus síntomas, respectivamente, a un embarazo psicológico, al haber dado un paso en falso con ese embarazo y al haber escuchado la respiración de su padre mientras tenía sexo. Lo lamentable de la historia es que mientras Freud hacía sus divagaciones lisérgicas sobre su “inconfundible histeria”, Dora perdía el tiempo y seguía desarrollando el cáncer abdominal que la condujo a la muerte -por cierto, Freud atribuyó a la histeria la generación del tumor, ¿o creías que iba a admitir su error?
Pseudociencia triunfante
Lo más frustrante del psicoanálisis es que es un caso claro de pseudociencia triunfante, al igual que la acupuntura o la homeopatía. El colectivo de psicoanalistas penetra con facilidad en las instituciones, especialmente en las universidades, donde los pobres alumnos de psicología muchas veces tienen que soportarlos estupefactos. En el imaginario colectivo es considerada una rama de la psicología como cualquier otra, y la gente no es capaz de diferenciar entre los rótulos de ‘psicólogo’, ‘psicólogo clínico’, ‘psicoanalista’ o ‘psicoterapeuta’. Todo acaba siendo lo mismo y generando mucha confusión. Posiblemente un nivel de confusión ya irrecuperable en el corto plazo. Cabe decir que los psicólogos legalmente habilitados para trabajar en contextos sanitarios son los psicólogos sanitarios o clínicos. Los psicoanalistas ni son ni pueden ser psicólogos sanitarios, ya que aplicar el psicoanálisis viola el código deontológico del psicólogos al tratarse de una práctica no validada científicamente.
El problema se hace aún mayor cuando otros académicos mediocres, como algunos filósofos o historiadores, buscan refugio en el inmerecido respeto del que goza el psicoanálisis. Muy comunes son los trabajos que apelan a conceptos psicoanalíticos o al “ya lo dijo Freud” -que no es más que un sesgo de confirmación. Por si fuera poco en los últimos años, de forma incomprensible e irresponsable, algunos afamados neurocientíficos como Kandel o Damasio han hecho declaraciones favorables al psicoanálisis. -perdiendo todo mi respeto y ganándose todas mis sospechas, por cierto. Si a esto le sumamos que los colegios de psicólogos no están por la labor de plantar cara podemos darnos cuenta de la gravedad de la situación.
Hay una enorme cantidad de psicólogos serios y profesionales que podrán ayudarlo a superar sus problemas. Es más, le animo a acudir a ellos ya que la salud mental es muy importante y debe ser una prioridad en la vida. Pero huya de los psicoanalistas, por favor. Como espero haber argumentado en estas líneas, sólo va a malgastar su tiempo y su dinero. Como primera criba pida siempre las credenciales del psicólogo al que acuda -títulos, colegiatura, etc.-, sospeche cuando le hable de conceptos que haya leído aquí o de otros como constelaciones familiares, y pida siempre que le enseñen los estudios serios que avalen el tratamiento que va a recibir.

viernes, 29 de diciembre de 2017

Las terapias alternativas no son inocuas: abandonar la medicina dispara hasta cinco veces el riesgo de muerte

Hemos de ser honestos: no es sencillo medir los riesgos de las terapias alternativas. Eso ha sido un problema serio que se evidenciaba en nuestras dificultades para responder la inocente y sencilla pregunta de que "¿Qué mal pueden hacer?".
"Mucho" era la respuesta y lo intuíamos, pero hasta ahora no podíamos demostrarlo. Los pacientes no siempre cuentan que han abandonado los tratamientos y si lo hacen, no siempre quieren facilitar los datos para estudiarlos. Un estudio que acaba de salir trata de poner los puntos sobre las íes y, aunque aún hemos de ser prudentes, hacía falta que alguien los pusiera.

Datos que confirman nuestros peores temores

Captura
Un equipo de Yale se ha sumergido en las profundidades de las bases de datos estadounidenses sobre el cáncer para cuantificar el riesgo real que se oculta tras de esas terapias sin aval científico.
Los resultados son cristalinos y muy preocupantes: aquellos que abandonaron o retrasaron el tratamiento convencional para usar otros tratamientos alternativos tuvieron un riesgo mucho mayor de morir en los siguientes cincos años que los que no.
Las cifras varían según el tipo de cáncer, pero más por la dinámica propia de cada uno que por la eficacia de los tratamientos alternativos. Las pacientes con cáncer de mama tenían 5,7 veces más probabilidad de morir en los siguientes cinco años. Los pacientes de cáncer colorrectal tenían 4,6 veces.
Usar tratamientos alternativos aumenta el riesgo de morir en los siguientes cincos años hasta casi seis veces mayor
Hay casos especiales. Por un lado, en los pacientes con cáncer de pulmón la tasa de mortalidad en cinco años solo se duplicó. Esto se debe, probablemente, a que este tipo de cánceres son muy agresivos e incluso con los mejores tratamientos las tasas de supervivencia son bajas.
En el otro tenemos al cáncer de próstata, el único cáncer que no se vio afectado por la escasa eficacia de las terapias alternativas. Encaja con nuestro conocimiento de la enfermedad: se trata de un cáncer de progresión muy lenta y una supervivencia media en estadíos precoces de más de 10 años.
El equipo de investigadores, coordinados por Skyler Johnson, profesor de radiología terapéutica de Yale, estudiaron estos cuatro tipos de cáncer porque fueron los más prevalentes entre 2004 y 2013. Examinaron con detalle las historias clínicas para determinar patrones raros y la aparición de códigos de tratamientos alternativos.

Aún es pronto para sacar conclusiones

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Es importante señalar que, aunque fueron bastante cuidadosos en la selección de pacientes, es un estudio pequeño (solo 280 pacientes tratados con terapias alternativas de un total de 840) y que tiene muchas limitaciones metodológicas. No obstante, aporta suficientes indicios como para ofrecer una visión de conjunto sobre los problemas que acarrean este tipo de timos sanitarios.
Y, lo que es más importante y por lo que creo que es realmente más interesante, este estudio plantea negro sobre blanco la importancia de investigar este tema. Estudios observacionales como este solo sirven para comenzar a explorar el problema.
Sobre todo, porque algunas conclusiones son muy alarmantes: el perfil de paciente que se pasa a tratamientos alternativos es mujer, de mediana edad, nivel socioeducativo alto y pocas complicaciones de salud. Un colectivo especialmente proclive a sufrir cáncer de mama que, como vemos, es especialmente sensible a la ausencia de tratamiento. Aquí hay algunos temas cruciales que la medicina debe resolver urgentemente.

jueves, 28 de diciembre de 2017

El peligro de abandonar la medicina convencional por terapias alternativas

Las terapias alternativas y complementarias incluyen una gran variedad de prácticas, tales como la acupuntura, la reflexología, la homeopatía o las flores de Bach, que se publicitan como supuestos tratamientos contra un gran abanico de enfermedades. Sin embargo, en el caso de que sustituyamos la medicina convencional por una de estas pseudoterapias, nuestro estado de salud se agravará y tendremos muchas más posibilidades de morir.
Un reciente estudio publicado en Journal of the National Cancer Institute advierte de los peligros que encierra el hecho de elegir una terapia alternativa en lugar del tratamiento convencional (quimioterapia, radioterapia, cirugía o terapia hormonal) para tratar el cáncer. Según sus resultados, aquellos pacientes que sufran un tumor maligno presentan una peor supervivencia a los cinco años si optan por las pseudoterapias.
El peligro de abandonar la medicina convencional por terapias alternativas
La investigación, realizada por la Facultad de Medicina de la Universidad de Yale (Estados Unidos), analizó un total de 840 individuos, de los que 280 habían optado por las pseudoterapias tras la detección del cáncer y 560 habían seguido las indicaciones médicas. El trabajo comparó cuántos pacientes habían sobrevivido a los cinco años de haber sido diagnosticados de la enfermedad en función de si habían elegido una terapia alternativa o los tratamientos de la medicina convencional. Los resultados son una prueba de algo que ya sabíamos o intuíamos: recibir una pseudoterapia en lugar del tratamiento oncológico avalado por la evidencia científica no es una buena idea.
Según el artículo, el riesgo es especialmente significativo en los casos de cáncer de mama, de pulmón y colorrectal, pero no en los de próstata, probablemente por el carácter más 'benigno' de estos tumores. En el caso de los tumores de mama, la posibilidad de haber fallecido era cinco veces mayor, mientras que en el cáncer colorrectal era cuatro veces superior y en los tumores pulmonares, el doble. Los autores del trabajo, no obstante, advierten de que sus resultados presentan limitaciones al tratarse de un estudio observacional, en el que podría haber cierto sesgo de selección y en el que podrían no haber contado con pacientes que hubieran recibido terapias con base científica en otros centros.
Los resultados apoyan la evidencia científica disponible hasta la fecha. En 2004, dos investigadores del Centro del Cáncer Memorial Sloan-Kettering afirmaron en un trabajopublicado en The Oncologist que las terapias alternativas "no habían sido probadas" y que "pueden ser dañinas". En términos similares se expresaba recientemente la Fundación para la Investigación del Cáncer de Reino Unido, cuando señalaba que "no había evidencia científica ni médica que mostrase que las terapias alternativas pudieran curar el cáncer".
Mientras las pseudoterapias se empleen de forma complementaria, su uso puede ayudar como efecto placebo, pero en ningún caso servirá si optamos por ellas como terapias alternativas, es decir, como sustitutas en lugar de por los tratamientos médicos que sí tienen base científica. Porque, parafraseando al músico y humorista Tim Minchin, "la medicina alternativa que ha demostrado funcionar se llama medicina".